Enfoque de Ecoalfabetización critica – Proyecto Ecoatmósferas
Fundamentación conceptual
La ecoalfabetización critica, propone el desarrollo de capacidades para leer, interpretar y actuar conscientemente en los sistemas vivos, reconociendo la interdependencia entre lo ecológico, lo social, lo cultural y lo espiritual. Desde el Proyecto Ecoatmósferas, el aprendizaje emerge de la experiencia sensible, la observación, el cuidado y la acción transformadora en el territorio.
El jardín comestible se concibe como un ecosistema pedagógico que integra saberes científicos, ancestrales y comunitarios, permitiendo que estudiantes y educadores aprendan con la naturaleza y no solo sobre ella.
Ecoalfabetización crítica como base del Jardín Comestible
La ecoalfabetización crítica se asume no solo como una pedagogía ambiental, sino como una posición epistemológica y política frente a las crisis civilizatorias contemporáneas (ecológica, social, económica y cultural). En esta perspectiva, alfabetizar ecológicamente no significa únicamente comprender los sistemas naturales, sino desnaturalizar las relaciones de dominación que han producido la ruptura entre sociedad y naturaleza.
Desde nuestra propuesta, la ecoalfabetización critica (1) se concibe como un proceso de concientización ecológica situada, contextual, vivencial, que integra experiencia sensible, pensamiento crítico y acción transformadora. La tesis crítica que hemos venido desarrollando amplía esta mirada al afirmar que no hay educación ambiental neutral, y que todo proceso educativo con la naturaleza implica tomar postura frente al modelo de desarrollo, al extractivismo, al consumo y a las formas hegemónicas de conocimiento.
- Se concibe la ecoalfabetización como ecocimiento: un proceso vivencial, crítico y glocal de apropiación de conceptos, actitudes y virtudes que permiten habitar en armonía con la Tierra. Epistemológicamente implica una comprensión sistémica y compleja; pedagógicamente, es la aventura de descubrir y transmitir las lógicas de la vida y los ecosistemas para convivir en ellos.
- La ecoalfabetización crítica no se limita a actividades puntuales como el reciclaje, sino que impulsa un aprendizaje vivencial, interdisciplinario y ético que articula tres dimensiones inseparables: justicia social, ambiental y epistémica. Esto supone cuestionar las desigualdades, proteger la biodiversidad y descolonizar el conocimiento, integrando saberes científicos, populares y ancestrales. El aula se expande hacia el bosque, la ciénaga, el humedal, la comunidad o el patrimonio cultural, convirtiéndose en escenario de praxis (reflexión-acción), pensamiento complejo y conciencia glocal. Así, se vinculan realidades locales con desafíos planetarios como el cambio climático y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, orientando la educación hacia la construcción de futuros sustentables.
1. Ruptura con la educación ambiental instrumental
La ecoalfabetización crítica se distancia de enfoques funcionalistas de educación ambiental centrados en:
- Cambios individuales de comportamiento sin cuestionamiento estructural.
- Prácticas “verdes” descontextualizadas (reciclaje, ahorro de agua) sin análisis político.
- La naturaleza como recurso o medio didáctico.
En contraste, el jardín comestible se propone como un dispositivo pedagógico contrahegemónico, donde el aprendizaje emerge del conflicto, la pregunta y la reflexión crítica sobre:
- ¿Quién produce los alimentos?
- ¿Qué sistemas agroalimentarios se imponen?
- ¿Qué saberes han sido silenciados, erosionados, satanizados?
- ¿Qué plantas alimenticias han sido desplazadas?
El jardín, entonces, no enseña únicamente a sembrar, sino a leer críticamente el sistema socio-ecológico del que formamos parte.
2. El jardín como territorio pedagógico y político
Desde la ecoalfabetización crítica, el jardín comestible se entiende como un territorio pedagógico, no como un espacio neutro. En él se materializan disputas entre:
- Saberes científicos y saberes ancestrales.
- Lógicas de mercado y lógicas del cuidado.
- Producción industrial y agroecología.
El acto de sembrar se convierte en un acto político, pues cuestiona la dependencia alimentaria, reivindica la soberanía y recupera la relación cuerpo–tierra–comunidad. El jardín permite visibilizar que la crisis ecológica es inseparable de la desigualdad social y que toda práctica educativa debe posicionarse frente a ello.
3. Epistemología del sentir y del vínculo
La tesis de ecoalfabetización crítica que hemos venido planteando se apoya en una epistemología relacional, donde conocer no es dominar, sino vincularse. El conocimiento no se produce de forma aislada, sino a través de las conexiones, interacciones y relaciones. En coherencia con Ecoatmósferas, el conocimiento surge de:
- La experiencia corporal (tocar el suelo, oler, mirar, ver, observar).
- La emoción como fuente legítima de conocimiento.
- El diálogo entre sujetos y seres humanos y no humanos.
El jardín comestible funciona como un aula expandida, donde se aprende con el cuerpo, la emoción y la ética del cuidado, rompiendo la fragmentación entre razón y sensibilidad que caracteriza a la educación moderna.
4. Crítica al antropocentrismo educativo
La ecoalfabetización crítica cuestiona el antropocentrismo que sitúa al ser humano como centro y medida de todo aprendizaje. En el jardín:
- Las plantas, el suelo, el agua y los insectos son sujetos pedagógicos.
- La vida no humana enseña límites, ritmos y reciprocidades.
- El tiempo educativo se desacelera para sincronizarse con los ciclos naturales.
Así, la clase deja de ser un espacio de control y se transforma en un ecosistema de coaprendizaje, coherente con la idea de la clase como organismo vivo.
5. Formación de sujetos eco-políticos
El horizonte de la ecoalfabetización crítica no es la adaptación al sistema, sino la formación de sujetos eco-políticos, capaces de:
- Analizar críticamente las causas estructurales de la crisis ecológica.
- Tomar decisiones éticas en relación con el consumo y el territorio.
- Participar en procesos colectivos de transformación socioambiental.
El jardín comestible no busca solo producir alimentos, sino producir conciencia nutricional, comunidad y posibilidad de futuro.
6. Síntesis
El jardín comestible se consolida como:
- Un organismo vivo de aprendizaje.
- Un acto pedagógico de resistencia.
- Un espacio de ecoalfabetización crítica situada glocalmente.
En coherencia con la tesis que hemos venido construyendo en el tiempo, el jardín no es un complemento curricular, sino una reconfiguración profunda de la relación entre filosofía, pedagogía, educación, vida y territorio.
7. Propósito general
Diseñar e implementar un jardín comestible escolar como espacio vivo de aprendizaje ecoalfabetizador, orientado a la formación de sujetos ecológicamente conscientes, críticos y corresponsables con la sostenibilidad de la vida.
8. Objetivos
Objetivo general
- Fortalecer procesos de ecoalfabetización mediante la creación y el cuidado colectivo de un jardín comestible como organismo vivo.
Objetivos específicos
- Comprender los ciclos naturales (agua, suelo, energía, nutrientes) a partir de la experiencia directa.
- Promover prácticas agroecológicas basadas en el respeto por la biodiversidad.
- Integrar emociones, cuerpo, pensamiento y acción en el proceso educativo.
- Fomentar la soberanía alimentaria y el consumo responsable.
- Potenciar el trabajo colaborativo y el sentido de comunidad.
9. Principios ecoalfabetizadores aplicados
- Interdependencia
El jardín permite evidenciar la relación entre plantas, suelo, agua, insectos, seres humanos y clima… - Ciclo y regeneración
Compostaje, rotación de cultivos y aprovechamiento de residuos orgánicos como prácticas pedagógicas. - Diversidad
Siembra de especies locales, medicinales y comestibles, reconociendo saberes tradicionales. - Cuidado y ética de la vida
El cuidado cotidiano del jardín como acto compromiso político y pedagógico. - Aprendizaje situado
El conocimiento emerge del contexto específico y de la interacción con el territorio.
10. Componentes del jardín comestible
a. Zona de cultivo
- Plantas de ciclo corto (berenjena, habichuelas, candia, espinaca, calabaza…).
- Plantas de ciclo continuo (plátanos, ñame, yuca…).
- Especies nativas o adaptadas al contexto local (maíz, carautas, achiote, nopal, maracuyá, limón, caña de azúcar, uva, flor de Jamaica…).
b. Zona de suelo vivo
- Compostera.
- Observación de microorganismos, lombrices, hormigas.
- Reflexión sobre la fertilidad del suelo.
c. Zona de humedal
- Recolección de aguas lluvias (si es posible).
- Análisis del uso responsable del agua (riego por goteo y aspersión controlada).
d. Zona pedagógica
- Espacio para la observación, el diálogo y la escritura reflexiva.
- Registro en bitácoras ecoatmosféricas.
11. Metodología (Ecoatmósferas en acción: talleres, conversatorios, foros para pensar y actuar)
- Aprender haciendo: siembra, cuidado, cosecha y preparación de alimentos.
- Pedagogía de la pregunta: ¿qué necesita este organismo para vivir?, ¿qué nos enseña el jardín?
- Narrativas ecoemocionales: relatos, dibujos y reflexiones sobre la experiencia.
- Evaluación viva: seguimiento cualitativo de procesos, no solo resultados.
12. Impactos esperados
- Desarrollo de conciencia ecológica y sentido de pertenencia al territorio.
- Transformación de la relación estudiante–naturaleza–comunidad.
- Integración curricular desde una perspectiva transdisciplinar.
- Construcción de una cultura del cuidado y la sostenibilidad.
13. A manera de conclusión
El jardín comestible, desde la ecoalfabetización critica que se fundamenta en la tesis de Gonzalo Molina Arrieta y la experiencia del Proyecto Ecoatmósferas (ecoparque, finca experimental Kakaramoa), deja de ser un recurso didáctico aislado para convertirse en un organismo vivo de aprendizaje, donde la clase respira, se nutre, se transforma y genera vida, conocimiento y sentido.
GONZALO MOLINA ARRIETA
Magister en Desarrollo Sostenible
Coordinador Proyecto Ecoatmósferas y Escuelas Biodiversas
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